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Anzoátegui/Linda Odreman: “quiero vida para ver la justicia”

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Ronald Manuel Rincones Odreman tenía 41 años de edad, murió el miércoles 20 de octubre de 2021. La versión policial publicada en la prensa indica que detuvieron a un peligroso asaltante que se dedicaba al secuestro, robo y extorsión en la zona sur de Anzoátegui.

Él tenía apenas dos meses y medio que había salido en libertad. Ronald fue detenido junto a otras  5 personas en Cumaná en el año 2012  acusado de presunto secuestro,  porte ilícito de armas y otros delitos  que lo mantuvieron casi nueve años en prisión. En ese tiempo solo acudió dos veces a los tribunales para asistir a las audiencias de presentación y la de excarcelación.

En 9 años entró y salió del Centro Penitenciario Agroproductivo de  Barcelona. Estuvo en el Internado Judicial de El Rodeo en Miranda, de ahí lo llevaron al Centro Penitenciario Fénix en el estado Lara  y lo regresaron nuevamente al agroproductivo en Barcelona, según Linda Odreman, madre de Ronald. Pero no terminó su tiempo en prisión ahí, “lo volvieron a trasladar a un centro de custodio en Caracas, en el tiempo en el que estaban las protestas”.

Todos los traslados fueron de noche y sin avisar. Su mamá tardaba hasta 10 días para enterarse de que a Ronald lo habían cambiado de centro. “De la escuela de custodios los traen otra vez para el agroproductivo y después otra noche los vuelven a mover para El Dorado”, cuenta Linda.  En el Centro Penitenciario de Oriente en El Dorado estuvo recluido dos año y medio se contagió y superó la COVID-19.

Su último traslado fue hasta Maturín, al Internado Judicial de Monagas, La Pica. “Ahí pagaron  -te voy a ser clara- y un día lo llamaron a tribunales y le tenían la boleta de excarcelación”.

Lo peor no había pasado

Parecía que lo peor había pasado. Ronald Manuel se reencontró con su familia y llevó por dos meses una vida normal mientras trabajaba para conseguir el dinero que necesitaba para irse con sus seres queridos a Brasil.

Su madre recuerda que se puso a trabajar en recolección de chatarra de forma legal, el señor que le ofreció el trabajo tenía papeles en regla para la recuperación de material ferroso, además se puso a vender gasolina, “eso no es legal, pero lo hace todo el mundo”, cuenta Linda.

“Él estaba tranquilo”, sentencia Linda una y otra vez,  con la certeza de que si su hijo hubiese tenido problema ella lo habría notado.

El día de su muerte con la misma tranquilidad pasó la mañana junto a su esposa visitando y compartiendo en la casa de algunos allegados a la familia, en la ciudad de El Tigre, municipio Simón Rodríguez, Anzoátegui. 

Después de varias vueltas, se fue solo para llevar a reparar una bicicleta y seguir hasta la casa de su abuela, ahí debía entregar unos documentos para los trámites de la herencia.

Ronald había estacionado la camioneta justo frente a la puerta de la casa de su tía cuando llegaron dos funcionarios de la Policía de Anzoátegui en una moto y los detuvieron. Cuando Ronald aún estaba en el carro empezó la discusión.  “Yo creo que le estaban pidiendo dinero, porque ellos son así, y no sé qué le dirían o que le diría él (Ronald), que mi hijo en el forcejeó les dio un patada”, inmediatamente el funcionario sacó su arma de reglamento y le disparó en el pecho.

Esa fue la primera herida que recibió Ronald Manuel Rincones Odreman, una herida de bala en el lado derecho del tórax con salida a la altura del riñón que lo dejó aferrado al volante de la camioneta que conducía.

“A mí me avisaron y no tenía carro”, cuenta su madre reviviendo la desesperación. Un familiar la llevó, llegaron hasta el lugar pero no pudieron acercarse a Ronald. “Cuando llegué estaba todo rodeado por policías, había por lo menos cuarenta policías, todos estaban cerrando el paso”, dice Linda.

Ronald seguía vivo en la camioneta, sus primos dentro de la casa vieron la dantesca escena igual que su madre y otros familiares que lograron acercarse en dos vehículos diferentes al lugar.

Linda relata que le pidió a los policías que la dejaran pasar para auxiliarlo pero los funcionarios insistían en que debían esperar una ambulancia. “Les dijimos, yo lo puedo llevar, váyanse con nosotros, aquí hay carro», pero no fue posible.

Los policías lo seguían golpeando

“Yo veía cómo a mi hijo lo golpeaban, le daban por la cabeza, y él se agarraba al volante, no se quería soltar”. Durante 40 minutos los familiares Ronald presenciaron el forcejeo. La ambulancia nunca llegó.

Dos policías sacaron a Ronald cargado de manos y pies para subirlo a un vehículo marca Chery, modelo Orinoco de la policía del estado Anzoátegui junto a otros funcionarios.

“Nosotros nos montamos en el carro y nos fuimos detrás de ellos, el carro sedan subió por donde estaba el banco Mi Casa y seguimos por la quinta norte en los dos carros, pero en un momento un jeep machito, de esos de la policía, pasó frente a nosotros y empezó a hacer así (señala en zigzag), que no nos dejaba ver”.

Para no perder de vista el vehículo donde iba Ronald, el segundo vehículo de la familia cruzó para tomar la séptima calle norte, pero ya no estaban, solo apareció el jeep. Desesperados decidieron irse al hospital. “Yo me imaginé que ellos iba para el hospital, nosotros llegamos allá y lo buscamos por todos lados, dimos vuelta, preguntamos. La policía llegó 50 minutos después que nosotros, ya mi hijo estaba muerto”, contó sollozando Linda.

Ronald Rincones ingresó al hospital Felipe Guevara Rojas de El Tigre con dos heridas de bala en el tórax, una del lado derecho y otra “justo en la tetilla del lado izquierdo”. Los funcionarios con el herido no siguieron su rumbo por la avenida Peñalver hasta el hospital, Linda presume que siguieron vía a Las Mercedes y durante 50 minutos más su hijo fue torturado. “Tenía golpeada la cara, la nariz y el cuello marcado”.

Su viuda y su madre exigen justicia

La muerte de Ronald dejó una esposa y dos hijos más solos que antes que los 8 años en que su mujer estuvo visitándolo de cárcel en cárcel.  Su familia hizo la denuncia en fiscalía el día después de su muerte y esperan que se haga justicia, sobre todo para su madre, quien decidió insistir aunque en 8 meses de trámites ha encontrado grandes dificultades, entre ellas económicas, para poder cubrir los gastos de traslado, copias y exámenes; y los retrasos propios de la justicia, por ejemplo, desde el 2 de febrero fueron citados los funcionarios a declarar  y cinco meses después la fiscalía no registra sus declaraciones, tampoco han presionado para que asistan.  

Linda Odreman  es asistida por la Fundación de Derechos Humanos de Anzoátegui, a través de  un poder simple de representación, quienes hacen seguimiento en la fiscalía decima novena de derechos fundamentales en la ciudad de Puerto La Cruz a la denuncia realizada por la muerte de su hijo.

Para ella ésta es una misión para el resto de su vida. “Me han dicho que tenga paciencia, yo quiero vida para ver la justicia, porque esa no era la manera, si él había hecho algo malo ya lo había requete pagado».

Trabajo especial de Lupa por La Vida